Tuesday, 22 March 2011

Paternal Fantasy

Hasta hace poco tiempo soñaba con ser padre algún día, y poder experimentar todo lo que conlleva la maravillosa relación entre un padre y un hijo. Soñaba con cuidar de mi pequeño cuando tuviese miedo de dormir. Con caminar de su mano por algún parque, y responder cada una de sus interminables preguntas acerca del por qué de las cosas. Soñaba con volver a aprender de esa inocencia que lamentablemente más tarde se obliga a sufrir una transformación. Cada noche antes de dormir imaginaba que aquella pequeña criatura acudía a mi lado para escuchar una historia, o simplemente para recibir ayuda espantando monstruos del armario o bajo la cama. Que en algún momento le vería acudiendo a la escuela con su enorme mochila, de casi un tercio de su tamaño, que más que llena de libros, iría repleta de juguetes y jugos para sus recreos; incluso que alguno de esos jugos se reventaría, y llegaría a casa llorando con sus cuadernos dulcemente mojados y pegajosos. Acostumbraba a imaginar que me sentiría orgulloso de sus calificaciones en el aula, y que tendría que guiarle y aconsejarle con sus problemas y peleas. Que tendría que hacerle razonar en más de una ocasión y sacarle de ese enojo que nos haría discutir por pequeños detalles. Que alguna vez me vería en un gran apuro a causa de un berrinche imparable.
Hasta solía imaginar que crecería y llegaría a ser un adolescente lleno de conflictos internos y que tendría que acompañarle en su paso por esa difícil etapa. Pensaba en qué haría en el caso de que me viese como un ser fuera de su confianza a causa de mis restricciones. Que discutiríamos por aquellos permisos e intentos de hacer cosas que yo también había hecho y de las cuales conocía las consecuencias. Soñaba con educarle y transmitir lo mejor de mí en un intento de plasmar una parte de lo que he sido y he conseguido. Me encantaba imaginar que en algún momento seríamos buenos amigos y saldríamos juntos de paseo en bicicleta los fines de semana, recorriendo campos infinitos y tomando fotografías y capturando las travesías en video. Incluso a veces llegaba al punto de imaginar que él optaba por tener una vida como omnívoro, y yo debía respetarle por muy vegetariano que fuese. Y que tendría que soportar cada una de sus “búsquedas por la identidad”, observando su evolución y paso por un centenar de estilos de vestimenta y comportamiento. Aún así, siempre buscaba guiarle de la mejor forma, con sabiduría, y siempre dejándole ser quien era, porque solo así podía crear “su” ser.
Llegaba a veces a ponerme en el caso de mis últimas horas junto a él. A dejarle mis últimas palabras y alguna cosa preciosa que atesoraría por el resto de su vida. Le hubiese dejado definitivamente entre otras cosas, la importancia del amor. Me hubiese encargado de haberle trazado todas las líneas en el campo de juego, para que pudiese haber participado del juego con total libertad, pero siempre respetando las reglas y los límites que este implica. Soñaba con los “Te Amo” que le daría, y recibiría a cambio.
Pero ahora veo todo ese sueño tan distante. Comenzando a considerar que no he tenido modelos de padre más que aquellos que alguna vez admiré en la televisión y los libros… Me refiero a la figura paterna masculina; alguien que sobre todo un hijo masculino necesita para ser guiado. Si bien es cierto, el padre de mis hermanos (parte materna) ocupó ese rol durante algún tiempo, me falló, y ya no pude hacer que las cosas volviesen a ser como antes. No es que no haya sido capaz de perdonarle, pero me di cuenta de que no era el modelo que deseaba seguir. De todos modos estoy muy agradecido con él por los valores que me transmitió, y por seguir tratándome como si fuese su hijo, al igual que mis hermanos… Pero ya no puedo llamarle “papá”.
Aquel título tampoco está ocupado por mi padre biológico, a quien si bien en algún momento ansié tanto conocer y finalmente conocí con gran entusiasmo, no puedo confiar. Jamás me había preguntado por qué no tenía contacto con él durante mi infancia, ni tampoco quién era, hasta que supe de su existencia y acerca de que los padres tienen un lugar. Cuando comencé a conocerlo (durante mis inicios en la universidad), fue como si no hubiesen rencores y le estuviese abriendo una senda para corregir un error del pasado. Quería conocerlo (así como también a mis otros hermanos) y que él supiera quién era el portador de sus genes que deambulaba por el universo en una vida paralela. Pero cuando él supo quién era este ser, sus diferencias, su naturaleza, por alguna razón, el contacto se cerró una vez más, y por el momento no hay más palabras que un saludo en las ocasiones que difícilmente nos encontramos. A veces me duele que ni siquiera se preocupe por cómo estoy (por lo que tampoco podría esperar una llamada preguntando acerca de mis necesidades). Supongo que me ve como un hombre que ya no necesita una figura paterna a la cual seguir, y espero que así sea, porque alguien que no me produce la confianza que un padre debería no puede ser un modelo (a veces me preocupa la relación que mi hermano Francisco lleva con él). Quizás lo que realmente me afecta es que no haya sido capaz de aprovechar su segunda oportunidad conmigo, lo cual me está demostrando que lo de ser buen padre no se lleva en los genes que compartimos.
A este historial, luego de haber dado un paso por otro tema, pero retomando el del miedo a mis sueños, debemos sumar los antecedentes sociales. Las relaciones que he tenido no han estado enmarcadas en lo que se podría llamar “pareja destinada a procrear”. Mi tendencia está mas bien orientada a las relaciones homosexuales (y para los psicólogos, esto no tiene nada que ver con la ausencia de un padre… lo sé luego de haber ido prácticamente hasta el centro de mi conciencia), sin descartar a algunas figuras femeninas que creo que en la realidad me tomaría milenios encontrar. Esto no me hace sentir mal, salvo cuando de la reacción de algunas personas se ha tratado, y porque limita en gran manera las posibilidades de cumplir aquella fantasía paternal. Adopción, puede ser una respuesta… Siendo honestos, la sociedad en la que aquel niño adoptado crecería, atormentaría su vida solo por el hecho de tener un padre que sale del común de los otros padres. Demostrar que este padre sí puede ser el papá que educaría a su hijo de la forma correcta, sin que sus tendencias sexuales afecten el desarrollo del pequeño, implicaría involucrarlo en un experimento social. Aún no me siento capaz de eso, no por lo de la forma de educarlo, sino por la presión que ambos (y mi pareja, si es que llegase a existir) tendríamos. Además, estaría el hecho de que una madre es irremplazable (no sé si alguna muy buena amiga me llegaría a ayudar con eso).
Así que, mi pequeño, si en alguna dimensión paralela llegas a leer esto, preguntándote por qué existes allá y no acá, tienes una especie de respuesta. Si en un futuro un tanto distante existes (no descarto la posibilidad), sabrás lo que tu padre temía al escribir esto, y que, o bien la madre que tienes está ahí porque es realmente la mujer que debe estar para ti porque la amo realmente; o la sociedad es un tanto distinta a lo que era en el minuto de esta confesión, y tú eres posible ahora. De todos modos, te amo; aunque no existas, aunque estés en otra dimensión, aunque existas en el futuro y leas esto mientras estemos en una discusión de padre e hijo… aunque tenga o haya tenido miedo de ser tu padre… Todo ese miedo se va cuando llegas y lo espantas.

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