Te soñé, y me hiciste despertar con ganas de llorar. No sé si fuiste el eco del pasado, o si eres una llamada del futuro… pero no estabas en mi presente al despertar, y eso me dolió. Hubiese dado cualquier cosa por haber intercambiado el sueño y la realidad, y poder tenerte ahora; que es lo que necesito. Y aunque no eras la perfección, si estabas ahí, nos acercábamos a esta mucho más.
A pesar de haber soñado tu rostro, y haber reído tanto juntos, con miradas profundas y una apreciación increíble de tu presencia, no te pude reconocer en la realidad… Aún así supe que eras tú; a quien pertenezco. Lo supe porque al verte no te quise dejar… Porque tuve miedo de que no hubiese otra vez. Y lo supe porque sentí que eras único… Porque no podría haber nadie más mientras estés. Lo supe porque tu presencia me agradó y no necesitamos palabras para decir al otro lo que queríamos. Lo supe porque fuimos capaces de comprender nuestros juegos, y porque llegamos a nuestro encuentro sin temores… Aún así, supe que era simplemente un sueño, porque podíamos estar juntos.
Cuando noté que después de todo eras un hombre, como yo, me pregunté el por qué. “No cometas los mismos errores” fue la respuesta… Entonces debiste haber sido esa mujer que por mucho he buscado… Pero comprendí que esos errores que no debo repetir, no son los míos (pocos podrían entender a qué me refiero). Así que siento menos miedo que nunca a encontrarte, y decirte que estoy aquí… A decirte que estoy dispuesto a transformar a la realidad en mi sueño (y sueño de muchos otros pocos), pero para eso te necesito.
No pude preguntar por tu nombre, y seguramente fue porque no debo saberlo aún… Me encanta esa sorpresa… Sin embargo sé que existes… Aunque, a decir verdad, me asusta el tiempo… temo no encontrarte y que la falta de gravedad que experimento me lleve lejos otra vez… aún más lejos. Por eso te escribo… Para que regreses a ser mi gravedad (y no sé a qué lado del mundo estás) .
Mientras tanto, te seguiré buscando y llamando al cerrar mis ojos. Quiero verte una vez más. Y esta vez alcanzar a llorar contigo antes del regreso a la realidad (saber que te puedo confiar mis lágrimas también me ayudó a saber que eras tú).
Regresa, mi extraño perdido. Juega a vivir conmigo una vez más. Regresemos a correr por los bosques y a pasear por la ciudad. Captura una vez más cada momento, con ese entusiasmo que solo juntos podemos lograr. Siéntate una vez más conmigo al piano y hazme recobrar la voz. Ayúdame a experimentar con la comida y a jugar en la computadora así como siempre hemos sabido, y lo que siempre nos ha gustado. Acompáñame en los paseos interminables con la bicicleta por los campos. Riamos de nuestras caídas y de la suciedad en la ropa al final del día. Las batallas de papel y pasto, las cosquillas y risas 8.9 richter. Quiero recuperar aquellos malos días con el final feliz entre tus brazos. Los inventos con electrónica improvisada. Los intentos de crear, que a tu lado se convierten en arte… nuestro arte. Los enfrentamientos de ilógica. Las locuras unexpected. Los abrazos de la nada. Las miradas que recobran y reconfortan. Las acciones que invocan adrenalina a pesar del futuro dolor del cuerpo. Las lagrimas que solo tus manos pueden tocar y exclusivamente tus ojos pueden ver. Las horas de videos que ambos sabemos disfrutar. Las horas boca arriba dejando el futuro tirado a la entrada del jardín. Las cosas de hombre que con otro hombre (homo o heterosexual) no podría hacer. La búsqueda que sólo juntos podemos continuar… Extraño el hogar… aquel lugar que está contigo y es donde naturalmente pertenezco. Regresa, para dejar de sentir que soy el único. Nuestro mundo de extraños pertenece también aquí.
No comments:
Post a Comment