Angol ya no es lo que solía ser en los días pasados. Ya no se siente como el hogar. Ya no se siente ni como el lugar al que pertenezco, ni como en el que quiero estar. Con cada visita me siento más extraño, porque sencillamente me aburre el lugar. Si bien es cierto, tiene sus encantos naturales, y su gente particular. Pero que sea un lugar para que por lo menos yo viva, ya no es la idea que tengo en mente.
Me he acostumbrado al Concepción donde vivo gran parte del año y estudio. Me he acostumbrado a su ritmo, y a esa sensación de estar en un lugar donde a nadie le importas por las calles. Soy un chico raro, y es lo que necesito. En Angol tengo a la familia, pero la familia ya no es como antes. He cambiado demasiado, y aunque no he dejado de quererlos ni un poco (al contrario, cada vez los quiero más), siento que mi lugar ya no está en aquella casa. Ya ni siquiera la cama que antes tanto me gustaba es lo mismo. No duermo cómodo en la habitación compartida y a la cual le falta un poco de mi toque personal. La diversidad de canales de cable que se me ofrecen en la televisión tampoco son un motivo para preferir este lugar sobre el otro. Pasar tiempo con los hermanos y disfrutar de actividades juntos, es extremadamente genial, pero tampoco es un motivo para quedarme. Y el cariño que siento por mi madre, tampoco es razón. Ni siquiera al salir de esta pequeña ciudad siento que me desconecto de la familia. Los amigos que acá me hecho ya no son lo mismo; Me encanta verlos durante las vacaciones, pero ya (suena frío, duro, pero es cierto, naturalmente) no están en el primer plano, aunque no he dejado de confiar ni un poco en ellos.
Me siento cómodo entre compañeros y amigos que veo a diario, y con quienes realmente disfruto cada momento. Incluso en la soledad de mi habitación y las calles que me acompañan a hacer hora y despejarme. Cada día es algo nuevo; como me gusta. Cada día es la oportunidad de conocer a alguien nuevo e interesante. Cada día nuevas ideas.
Concepción me gusta porque me ofrece la libertad que necesito para construir lo que quiero vivir. Es una ciudad de oportunidades, diversiones, experiencias. Es donde quisiera quedarme. Sin embargo, quiero que Angol sea aquel lugar de descanso. Donde pueda de vez en cuando refugiarme por un poco de tiempo (el justo y necesario). Pero mi vida es cada vez más constante movimiento. Por eso ya no calzo en una ciudad que parece inmóvil; donde ya no salgo con frecuencia con amigos; donde las diversiones que busco no se pueden encontrar o es demasiado difícil.
Necesito dinamismo, para agotar las energías de cada día y poder dormir. Necesito a mis amigos y mi pareja para sentirme cómodo, porque poco a poco ellos también se hacen mi familia (sin reemplazar). Algún día los hijos se van de casa y para los padres es difícil. Pero es parte de las personas y sus aspiraciones. “I’m a creep, I’m a weirdo, what the hell am I doing here… I don’t belong here.” Debo tarde o temprano abandonar el nido. Mis hermanos deben aprender a no depender del mayor, para convertirse en mayores, y mi madre debe aprender que así como ella necesitó (y ahora también) formar su propia parte de la familia, yo me siento también en la misma necesidad.