Hasta hace poco tiempo soñaba con ser padre algún día, y poder experimentar todo lo que conlleva la maravillosa relación entre un padre y un hijo. Soñaba con cuidar de mi pequeño cuando tuviese miedo de dormir. Con caminar de su mano por algún parque, y responder cada una de sus interminables preguntas acerca del por qué de las cosas. Soñaba con volver a aprender de esa inocencia que lamentablemente más tarde se obliga a sufrir una transformación. Cada noche antes de dormir imaginaba que aquella pequeña criatura acudía a mi lado para escuchar una historia, o simplemente para recibir ayuda espantando monstruos del armario o bajo la cama. Que en algún momento le vería acudiendo a la escuela con su enorme mochila, de casi un tercio de su tamaño, que más que llena de libros, iría repleta de juguetes y jugos para sus recreos; incluso que alguno de esos jugos se reventaría, y llegaría a casa llorando con sus cuadernos dulcemente mojados y pegajosos. Acostumbraba a imaginar que me sentiría orgulloso de sus calificaciones en el aula, y que tendría que guiarle y aconsejarle con sus problemas y peleas. Que tendría que hacerle razonar en más de una ocasión y sacarle de ese enojo que nos haría discutir por pequeños detalles. Que alguna vez me vería en un gran apuro a causa de un berrinche imparable.
Hasta solía imaginar que crecería y llegaría a ser un adolescente lleno de conflictos internos y que tendría que acompañarle en su paso por esa difícil etapa. Pensaba en qué haría en el caso de que me viese como un ser fuera de su confianza a causa de mis restricciones. Que discutiríamos por aquellos permisos e intentos de hacer cosas que yo también había hecho y de las cuales conocía las consecuencias. Soñaba con educarle y transmitir lo mejor de mí en un intento de plasmar una parte de lo que he sido y he conseguido. Me encantaba imaginar que en algún momento seríamos buenos amigos y saldríamos juntos de paseo en bicicleta los fines de semana, recorriendo campos infinitos y tomando fotografías y capturando las travesías en video. Incluso a veces llegaba al punto de imaginar que él optaba por tener una vida como omnívoro, y yo debía respetarle por muy vegetariano que fuese. Y que tendría que soportar cada una de sus “búsquedas por la identidad”, observando su evolución y paso por un centenar de estilos de vestimenta y comportamiento. Aún así, siempre buscaba guiarle de la mejor forma, con sabiduría, y siempre dejándole ser quien era, porque solo así podía crear “su” ser.
Llegaba a veces a ponerme en el caso de mis últimas horas junto a él. A dejarle mis últimas palabras y alguna cosa preciosa que atesoraría por el resto de su vida. Le hubiese dejado definitivamente entre otras cosas, la importancia del amor. Me hubiese encargado de haberle trazado todas las líneas en el campo de juego, para que pudiese haber participado del juego con total libertad, pero siempre respetando las reglas y los límites que este implica. Soñaba con los “Te Amo” que le daría, y recibiría a cambio.
Pero ahora veo todo ese sueño tan distante. Comenzando a considerar que no he tenido modelos de padre más que aquellos que alguna vez admiré en la televisión y los libros… Me refiero a la figura paterna masculina; alguien que sobre todo un hijo masculino necesita para ser guiado. Si bien es cierto, el padre de mis hermanos (parte materna) ocupó ese rol durante algún tiempo, me falló, y ya no pude hacer que las cosas volviesen a ser como antes. No es que no haya sido capaz de perdonarle, pero me di cuenta de que no era el modelo que deseaba seguir. De todos modos estoy muy agradecido con él por los valores que me transmitió, y por seguir tratándome como si fuese su hijo, al igual que mis hermanos… Pero ya no puedo llamarle “papá”.
Aquel título tampoco está ocupado por mi padre biológico, a quien si bien en algún momento ansié tanto conocer y finalmente conocí con gran entusiasmo, no puedo confiar. Jamás me había preguntado por qué no tenía contacto con él durante mi infancia, ni tampoco quién era, hasta que supe de su existencia y acerca de que los padres tienen un lugar. Cuando comencé a conocerlo (durante mis inicios en la universidad), fue como si no hubiesen rencores y le estuviese abriendo una senda para corregir un error del pasado. Quería conocerlo (así como también a mis otros hermanos) y que él supiera quién era el portador de sus genes que deambulaba por el universo en una vida paralela. Pero cuando él supo quién era este ser, sus diferencias, su naturaleza, por alguna razón, el contacto se cerró una vez más, y por el momento no hay más palabras que un saludo en las ocasiones que difícilmente nos encontramos. A veces me duele que ni siquiera se preocupe por cómo estoy (por lo que tampoco podría esperar una llamada preguntando acerca de mis necesidades). Supongo que me ve como un hombre que ya no necesita una figura paterna a la cual seguir, y espero que así sea, porque alguien que no me produce la confianza que un padre debería no puede ser un modelo (a veces me preocupa la relación que mi hermano Francisco lleva con él). Quizás lo que realmente me afecta es que no haya sido capaz de aprovechar su segunda oportunidad conmigo, lo cual me está demostrando que lo de ser buen padre no se lleva en los genes que compartimos.
A este historial, luego de haber dado un paso por otro tema, pero retomando el del miedo a mis sueños, debemos sumar los antecedentes sociales. Las relaciones que he tenido no han estado enmarcadas en lo que se podría llamar “pareja destinada a procrear”. Mi tendencia está mas bien orientada a las relaciones homosexuales (y para los psicólogos, esto no tiene nada que ver con la ausencia de un padre… lo sé luego de haber ido prácticamente hasta el centro de mi conciencia), sin descartar a algunas figuras femeninas que creo que en la realidad me tomaría milenios encontrar. Esto no me hace sentir mal, salvo cuando de la reacción de algunas personas se ha tratado, y porque limita en gran manera las posibilidades de cumplir aquella fantasía paternal. Adopción, puede ser una respuesta… Siendo honestos, la sociedad en la que aquel niño adoptado crecería, atormentaría su vida solo por el hecho de tener un padre que sale del común de los otros padres. Demostrar que este padre sí puede ser el papá que educaría a su hijo de la forma correcta, sin que sus tendencias sexuales afecten el desarrollo del pequeño, implicaría involucrarlo en un experimento social. Aún no me siento capaz de eso, no por lo de la forma de educarlo, sino por la presión que ambos (y mi pareja, si es que llegase a existir) tendríamos. Además, estaría el hecho de que una madre es irremplazable (no sé si alguna muy buena amiga me llegaría a ayudar con eso).
Así que, mi pequeño, si en alguna dimensión paralela llegas a leer esto, preguntándote por qué existes allá y no acá, tienes una especie de respuesta. Si en un futuro un tanto distante existes (no descarto la posibilidad), sabrás lo que tu padre temía al escribir esto, y que, o bien la madre que tienes está ahí porque es realmente la mujer que debe estar para ti porque la amo realmente; o la sociedad es un tanto distinta a lo que era en el minuto de esta confesión, y tú eres posible ahora. De todos modos, te amo; aunque no existas, aunque estés en otra dimensión, aunque existas en el futuro y leas esto mientras estemos en una discusión de padre e hijo… aunque tenga o haya tenido miedo de ser tu padre… Todo ese miedo se va cuando llegas y lo espantas.
Tuesday, 22 March 2011
Monday, 21 March 2011
Lost Odd
I dream about you every night,
And I feel you already there.
Though your face I surely see,
In the clues I find no names.
And your heartbeat goes with mine
And you’re closer, so am I,
Till our memories combine;
We’d been one, we realize.
In the morning distance hurts
Cause I’m not where I belong.
We should end that dream so curt.
Be at your side is what I long.
Could you tell me where you are?
Could at least I have your name?
Fighting lonely is just so hard,
And I can’t wait till it’s late.
Let’s come back and once again
Fly with wings not made of feather,
But what broke and loosed our chains;
That Love we know and share together.
Hear my calling, take me home.
You’re the one I trust the most.
Let me know I’m not alone.
You’re the odd I somewhere lost.
Thursday, 17 March 2011
I dreamed about you
Te soñé, y me hiciste despertar con ganas de llorar. No sé si fuiste el eco del pasado, o si eres una llamada del futuro… pero no estabas en mi presente al despertar, y eso me dolió. Hubiese dado cualquier cosa por haber intercambiado el sueño y la realidad, y poder tenerte ahora; que es lo que necesito. Y aunque no eras la perfección, si estabas ahí, nos acercábamos a esta mucho más.
A pesar de haber soñado tu rostro, y haber reído tanto juntos, con miradas profundas y una apreciación increíble de tu presencia, no te pude reconocer en la realidad… Aún así supe que eras tú; a quien pertenezco. Lo supe porque al verte no te quise dejar… Porque tuve miedo de que no hubiese otra vez. Y lo supe porque sentí que eras único… Porque no podría haber nadie más mientras estés. Lo supe porque tu presencia me agradó y no necesitamos palabras para decir al otro lo que queríamos. Lo supe porque fuimos capaces de comprender nuestros juegos, y porque llegamos a nuestro encuentro sin temores… Aún así, supe que era simplemente un sueño, porque podíamos estar juntos.
Cuando noté que después de todo eras un hombre, como yo, me pregunté el por qué. “No cometas los mismos errores” fue la respuesta… Entonces debiste haber sido esa mujer que por mucho he buscado… Pero comprendí que esos errores que no debo repetir, no son los míos (pocos podrían entender a qué me refiero). Así que siento menos miedo que nunca a encontrarte, y decirte que estoy aquí… A decirte que estoy dispuesto a transformar a la realidad en mi sueño (y sueño de muchos otros pocos), pero para eso te necesito.
No pude preguntar por tu nombre, y seguramente fue porque no debo saberlo aún… Me encanta esa sorpresa… Sin embargo sé que existes… Aunque, a decir verdad, me asusta el tiempo… temo no encontrarte y que la falta de gravedad que experimento me lleve lejos otra vez… aún más lejos. Por eso te escribo… Para que regreses a ser mi gravedad (y no sé a qué lado del mundo estás) .
Mientras tanto, te seguiré buscando y llamando al cerrar mis ojos. Quiero verte una vez más. Y esta vez alcanzar a llorar contigo antes del regreso a la realidad (saber que te puedo confiar mis lágrimas también me ayudó a saber que eras tú).
Regresa, mi extraño perdido. Juega a vivir conmigo una vez más. Regresemos a correr por los bosques y a pasear por la ciudad. Captura una vez más cada momento, con ese entusiasmo que solo juntos podemos lograr. Siéntate una vez más conmigo al piano y hazme recobrar la voz. Ayúdame a experimentar con la comida y a jugar en la computadora así como siempre hemos sabido, y lo que siempre nos ha gustado. Acompáñame en los paseos interminables con la bicicleta por los campos. Riamos de nuestras caídas y de la suciedad en la ropa al final del día. Las batallas de papel y pasto, las cosquillas y risas 8.9 richter. Quiero recuperar aquellos malos días con el final feliz entre tus brazos. Los inventos con electrónica improvisada. Los intentos de crear, que a tu lado se convierten en arte… nuestro arte. Los enfrentamientos de ilógica. Las locuras unexpected. Los abrazos de la nada. Las miradas que recobran y reconfortan. Las acciones que invocan adrenalina a pesar del futuro dolor del cuerpo. Las lagrimas que solo tus manos pueden tocar y exclusivamente tus ojos pueden ver. Las horas de videos que ambos sabemos disfrutar. Las horas boca arriba dejando el futuro tirado a la entrada del jardín. Las cosas de hombre que con otro hombre (homo o heterosexual) no podría hacer. La búsqueda que sólo juntos podemos continuar… Extraño el hogar… aquel lugar que está contigo y es donde naturalmente pertenezco. Regresa, para dejar de sentir que soy el único. Nuestro mundo de extraños pertenece también aquí.
A pesar de haber soñado tu rostro, y haber reído tanto juntos, con miradas profundas y una apreciación increíble de tu presencia, no te pude reconocer en la realidad… Aún así supe que eras tú; a quien pertenezco. Lo supe porque al verte no te quise dejar… Porque tuve miedo de que no hubiese otra vez. Y lo supe porque sentí que eras único… Porque no podría haber nadie más mientras estés. Lo supe porque tu presencia me agradó y no necesitamos palabras para decir al otro lo que queríamos. Lo supe porque fuimos capaces de comprender nuestros juegos, y porque llegamos a nuestro encuentro sin temores… Aún así, supe que era simplemente un sueño, porque podíamos estar juntos.
Cuando noté que después de todo eras un hombre, como yo, me pregunté el por qué. “No cometas los mismos errores” fue la respuesta… Entonces debiste haber sido esa mujer que por mucho he buscado… Pero comprendí que esos errores que no debo repetir, no son los míos (pocos podrían entender a qué me refiero). Así que siento menos miedo que nunca a encontrarte, y decirte que estoy aquí… A decirte que estoy dispuesto a transformar a la realidad en mi sueño (y sueño de muchos otros pocos), pero para eso te necesito.
No pude preguntar por tu nombre, y seguramente fue porque no debo saberlo aún… Me encanta esa sorpresa… Sin embargo sé que existes… Aunque, a decir verdad, me asusta el tiempo… temo no encontrarte y que la falta de gravedad que experimento me lleve lejos otra vez… aún más lejos. Por eso te escribo… Para que regreses a ser mi gravedad (y no sé a qué lado del mundo estás) .
Mientras tanto, te seguiré buscando y llamando al cerrar mis ojos. Quiero verte una vez más. Y esta vez alcanzar a llorar contigo antes del regreso a la realidad (saber que te puedo confiar mis lágrimas también me ayudó a saber que eras tú).
Regresa, mi extraño perdido. Juega a vivir conmigo una vez más. Regresemos a correr por los bosques y a pasear por la ciudad. Captura una vez más cada momento, con ese entusiasmo que solo juntos podemos lograr. Siéntate una vez más conmigo al piano y hazme recobrar la voz. Ayúdame a experimentar con la comida y a jugar en la computadora así como siempre hemos sabido, y lo que siempre nos ha gustado. Acompáñame en los paseos interminables con la bicicleta por los campos. Riamos de nuestras caídas y de la suciedad en la ropa al final del día. Las batallas de papel y pasto, las cosquillas y risas 8.9 richter. Quiero recuperar aquellos malos días con el final feliz entre tus brazos. Los inventos con electrónica improvisada. Los intentos de crear, que a tu lado se convierten en arte… nuestro arte. Los enfrentamientos de ilógica. Las locuras unexpected. Los abrazos de la nada. Las miradas que recobran y reconfortan. Las acciones que invocan adrenalina a pesar del futuro dolor del cuerpo. Las lagrimas que solo tus manos pueden tocar y exclusivamente tus ojos pueden ver. Las horas de videos que ambos sabemos disfrutar. Las horas boca arriba dejando el futuro tirado a la entrada del jardín. Las cosas de hombre que con otro hombre (homo o heterosexual) no podría hacer. La búsqueda que sólo juntos podemos continuar… Extraño el hogar… aquel lugar que está contigo y es donde naturalmente pertenezco. Regresa, para dejar de sentir que soy el único. Nuestro mundo de extraños pertenece también aquí.
Wednesday, 16 March 2011
Subscribe to:
Posts (Atom)